1999 Raices del Paraíso


Las raíces del paraíso según Luis González Palma


Con su deliberado anacronismo técnico y su puesta en escena según la tradición museográfica correspondiente a las imágenes de cámara, la instalación Raíces del paraíso, de Luis González Palma, parece interrogar a la historia desde diferentes perspectivas. De entrada, podría suponerse que el artista alude a la necesidad de conservar para la memoria personal la visión de la historia: ¿no fueron las imágenes de cámara, con sus estuches primorosos, dispositivos estimados del recuerdo íntimo? Pero este recuerdo se hace público aquí a través de su presentación expositiva, ¿acaso la exposición no es un evento que recupera y divulga los “objetos” fotografiados? Visto el asunto desde este lado, podríamos concluir con prisa que el artista selecciona un dispositivo histórico emblemático del recuerdo personal, para aludir a los problemas de la constitución de la memoria individual y pública.

Podría pensarse, asimismo, que la obra se erige como un comentario irónico voluntario, de aguzada actualidad, sobre la temporalidad de la situación de enunciación fotográfica y sus inmediatas cuestiones relacionadas: entre ellas, la historicidad de las representaciones de la fotografía y los controles sociales ejercidos sobre la mirada. Basta preguntarse si construir esta dramática alusión en imágenes a la historia del presente, usando refinados y pasadistas recursos artísticos y escénicos, no cuestiona la neutralización instrumental de la fotografía por una mirada puerilmente estética, un tema que, desde Walter Benjamin, ha preocupado a más de uno, Barthes inclusive.

De todos modos, Raíces del paraíso, con su combinación peculiar de propuesta conceptual y emotividad intensa, invita al espectador a rediseñar el mapa de la memoria desde un lugar reconocible: el de la violencia, vale decir también, para el caso que nos ocupa, el del dominio de la política.

José Antonio Navarrete